Dictamen

 

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Comités de Ética en Neuquen (Argentina): una propuesta democrática.

Luis Justo* y Andrea Macías*, **

 

Los comités de ética se vienen fundando en la última mitad de este siglo, en diferentes momentos. Su origen se centra en el problema de la tecnologización de la medicina. Una gran tecnificación de la medicina produce una deshumanización de la atención médica, una sensación de vacío. Por lado de los pacientes y por el lado de los médicos nos damos cuenta de que hace falta algo. Entonces, lo primero que se plantea es: ¿vamos a hacer comités de ética?

Viesca C. Perspectiva histórica de los Comités de Ética. Revista CONAMED, Año 4, Núm. 12, p. 22-31, julio-septiembre, 1999.

 

Introducción

La propuesta en la provincia de Neuquén

Comentario

 

Introducción

Más allá de eventuales diferencias en los detalles, parece haber una coincidencia general en que los comités de ética hospitalarios deben cumplir con una función de protección del paciente. Pero ¿protección frente a quien, frente a que? En teoría los hospitales son sitios donde se acude en busca de auxilio, de cuidado, de solución a los problemas de salud que presenta quien recurre a ellos. ¿Cómo es que el paciente requiere protección, a tal grado que la institución debe crear un organismo interno que garantice la misma? ¿Se han transformado los hospitales en sitios donde la salud y el bienestar del paciente corren mas riesgos que en su exterior? ¿Sería concebible que una madre requiriera de un vigilante permanentemente a su lado para evitar que le causara daño a su hijo?

Algo funciona mal cuando leemos que: “en situaciones de cuidado agudo de la salud, las relaciones entre pacientes y médicos son, si bien no exactamente entre adversarios, por lo menos tales que los pacientes normalmente no deben suponer que ellos y sus médicos participan en una empresa común con valores y objetivos comunes”[1]  Algo funciona en forma perversa cuando se comprueba que se hacen por año 850.000 cesáreas innecesarias en Latinoamérica[2]

En nuestro país Sorokin[3], en un lúcido trabajo sobre la relación médico-paciente, luego de realizar un pormenorizado análisis histórico afirma “El encuentro del equilibrio para que la Medicina Moderna logre promover nuevamente la aproximación del médico y el enfermo está aún por llegar y todavía parece lejano.”

Quizás, aportando otra lectura, podríamos plantear la alianza entre la medicina y el poder, tal como claramente la describe Foucault: “El poder político de la medicina consistía en distribuir a los individuos unos al lado de otros, aislarlos, individualizarlos, vigilarlos uno a uno, verificar su estado de salud, comprobar si vivían o habían muerto, y en mantener así a la sociedad en un espacio dividido, inspeccionado, constantemente vigilado y controlado”[4] “...puede afirmarse que en el siglo XX los médicos están inventando una sociedad ya no de la ley, sino de la norma... los que gobiernan en la sociedad ya no son los códigos sino la perpetua distinción entre lo normal y lo anormal”[5] En este sentido, en la medida que la medicina expresa al poder social, y éste se ha constituido en un poder que explota antidemocráticamente a los ciudadanos, se hace necesario protegerse en su contra. En el campo de la salud se genera una tensión, una oposición entre los intereses del poder y los de la ciudadanía, reflejando el conflicto presente en una estructura social que produce concentración de las riquezas entre aquellos que detentan el poder y exclusión entre aquellos que carecen de él.

No puede resultar sorprendente, en este contexto, que surja la necesidad de una instancia que medie entre los intereses del paciente y los de la medicina. Tampoco puede resultar sorprendente que esto ocurra en el campo de la ética, si aceptamos que en la misma se proyectan precozmente las pugnas de valores que surgen de la lucha social como cuestionamiento del poder constituido. Aparecen así los comités de ética.

Pero, puesto que esta aparición se debe más a los reclamos ciudadanos que a la demanda médica, no sorprende que rápidamente la corporación médica se apropie de los mismos y recomiende que estén compuestos por “profesionales”, muchos de ellos médicos y otros afines, o por lo menos del mismo nivel social. Así veremos como recomendación que “el Comité de Ética Asistencial esté constituido por un tercio de médicos, un tercio de enfermeras y un tercio de otras personas, entre los que puede haber un especialista de ética, un capellán, una asistente social, un abogado, un representante de la comunidad (¡!), y un psicólogo”[6].  Se advierte aquí gráficamente el carácter de élite dominante que esta representación propuesta posee, de forma tal que la estructura social de clases se reproduce al interior del Comité de Ética.

 

La propuesta en la provincia de Neuquén

Planteada hacia fines del 2000, la tarea de crear los Comités Hospitalarios de Ética (CHE) en la provincia del Neuquén se pensó con la convicción de que sólo sería posible hacerlo si las personas que integraban los servicios de salud lo aceptaban como una instancia útil y de aplicación factible.

La Provincia del Neuquén cuenta con un sistema de salud de muy profundo arraigo, creado hace más de 30 años por los Dres. E. Moreno y N. Perrone, con un decidido enfoque hacia la atención primaria de la salud, y que ha logrado una mejoría notable en las condiciones de salud, ubicando a la provincia entre los mejores distritos del país por sus indicadores. Este sistema de salud cuenta, por ejemplo, con dos residencias completas que forman médicos generalistas que suplen las necesidades provinciales, así como con residencias lineales que forman especialistas en las clínicas básicas. La continuidad en la aplicación del plan de salud (rasgo poco habitual en nuestro país) a traves de los sucesivos gobiernos del partido provincial hegemónico, permitió la formación y consolidación de cuadros medios de conducción técnica que mantienen el progreso de la atención, aún en medio de la innegable crisis actual. La población, en forma correspondiente, siente el sistema como propio y está, en general, bastante satisfecha con el nivel de las prestaciones[7]. El personal de salud, por otra parte, siente un legítimo orgullo en pertenecer al “sistema”, cuyo nivel de atención supera francamente al del sector “privado” (en realidad de obras sociales).

En este marco la tarea de plantear la constitución de Comités de Ética si bien se ve favorecida por el nivel institucional y técnico, enfrenta tambien un grado de capacidad crítica que, en algunas ocasiones, puede exacerbarse causando en el mismo personal algún grado de daño en cuanto a las relaciones interpersonales. Debe agregarse a esto el deterioro creciente que sufre en nuestro país la atención de la salud que, si bien en Neuquén se nota menos que en otros sitios,está de todos modos presente. Además, la desocupación en aumento priva a cada vez mas gente de obra social, haciendo que la presión de la demanda sobre el hospital público se incremente progresivamente. Debe también tenerse en cuenta el elevado grado de conflictividad social de la provincia, no casualmente cuna de los piquetes en Cutral Co.

En medio de este panorama, la empresa de recorrer la provincia proponiendo el debate sobre comités de ética, no parecía sencilla. Sin embargo precisamente momentos de crisis como el actual parecen haber favorecido, más que obstaculizado, la tarea de trabajar sobre el eje ético.

            El programa se estableció sobre algunas ideas sencillas:

Realizar en una primera instancia talleres de sensibilización, para acercar a los trabajadores de la salud un primer conocimiento sobre los grandes temas de la bioética;

Hacer convocatorias horizontales, de forma tal que todos los integrantes del sistema, sin diferencias jerárquicas ni por rama, fueran convocados a participar. Como lo planteáramos en diversos foros[8]-[9], partimos de la base de que todos los integrantes de un sistema de salud son profesionales por vocación y dedicación, tengan o no título universitario.

El trabajo sobre casos reales, vividos por una de nosotros (A.M.) en su experiencia como médica generalista en la cordillera y en la capital provinciales. La comprobación de que los dilemas éticos se plantean en la actividad cotidiana a traves de ejemplos sentidos como cercanos facilita la apropiación de los planteos éticos sistemáticos.

La edición de un material de trabajo especial para el programa.[10] El material requirió un cuidadoso trabajo con el lenguaje que permitiera adecuarlo a un público heterogéneo, lo que se logró sólo parcialmente (ver más adelante).

Se realizaron durante en año 2001 ocho talleres, a los que concurrieron 138 personas, incluyendo médicos, mucamas, enfermeros, administrativos, técnicos de laboratorio, choferes, psicólogos, trabajadoras sociales, agentes sanitarios,  personal de mantenimiento, fonoaudiólogas, odontólogos, etc. Se realizó una encuesta pre y una postaller, con fines de evaluación.

La evaluación de los Talleres permitió concluir que:

Resultaron en general satisfactorios para los participantes.

Un porcentaje elevado concurrió porque “lo mandaron” (24%) y un 20% manifestó no saber a que concurría, lo que refleja serios problemas de comunicación dentro del sistema.

A la mayoría le sirvió para aumentar sus conocimientos sobre la bioética (99%) y sobre los Comités Hospitalarios de Ética (96%).

La totalidad (100%) consideró claro el material didáctico entregado, si bien hubo diferencias entre profesionales y no profesionales respecto al grado de claridad (en gran medida o moderadamente claro).

El 91% consideró la cantidad de información como adecuada. Entre el 9% que no lo consideró así hubo una mayor incidencia de profesionales.

El 100% de los participantes consideró a los casos como representativos de la práctica diaria.

La totalidad consideró clara la exposición de los docentes.

El 97% consideró como positiva la implementación de los Comités Hospitalarios de Ética para el sistema de salud y para la comunidad.

En la encuesta postaller un 92% manifestó interés por formar parte de un Comité Hospitalario de Ética, en contraste con el 64% en la encuesta pretaller.

Los comentarios de las encuestas fueron de una riqueza extraordinaria. Citamos a continuación en forma textual algunos de ellos:

- Creo que es necesario promover el encuentro de los agentes de salud para hablar. De que cosas, inicialmente no importa, el problema es que no existen canales y códigos comunes. A posteriori de lograr esto podemos empezar a poner el nombre a los contenidos: bioética (trabajadora social).

- El taller realizado fue muy bueno, los temas tratados son muy interesantes y se relacionan muy parecidamente a los casos de la vida real y de nuestro trabajo diario. Me parecería muy importante que estos temas sean tratados mas seguidamente y sobre todo con todo el personal de salud y con la población en general (enfermero).

- La participación fue libre y respetada. Me hubiera gustado hacer (role playing, que ya se hizo en talleres en esa zona)  y hubiera sido más participativo (mucama).

- El taller tiene un lenguaje muy técnico, me pareció más dedicado a los profesionales, y el sector de no profesionales queda al margen de los comités (chofer).

- Obviamente que será difícil conciliar acuerdos, con tantas visiones diferentes como dice Wast. La mesa, una silla, son varias piezas unidas, pero según el catalizador de cada uno será la interpretación. Pero no es imposible, y sería positivo (empleada de estadística).

- Ninguna ley puede dar poder al Comité. El poder, si lo tiene, es el de influir por sí mismo, por su autoridad moral, ser referente (técnico de laboratorio).

- Muy interesante todo lo planteado y el intercambio interdisciplinario. Lástima que al final una médica plantea formar un comité solo con médicos. Esto demuestra lo difícil que es concretar lo planteado en el taller (fonoaudióloga).

- La no aceptación de los profesionales de la interdisciplinariedad es lo que puede retardar todo este proceso (mucamo).

- Si los que participamos en el curso tuviéramos interés en formar un comité para mi no es muy fácil ya que muchas veces no hay comunicación desde el agente de salud al profesional. Muchas veces se hace difícil que un profesional participe una o dos horas en una charla educativa de los agentes sanitarios (agente sanitario).

- Es necesario mas personal profesional y no profesional con dedicación a los problemas de la comunidad (agente sanitario).

- Sugerencia a los docentes: sería interesante poder compartir con el resto de nuestros compañeros de los distintos sectores, porque los casos que surgen (en nuestra zona) son muy diferentes a los que que suceden en la ciudad. Nuestra comunidad está muy ligada a las comunidades mapuches y por ende la cultura nos obstaculizaría la aplicación de principios (auxiliar de estadística).

- Ya basta de visiones verticalistas (enfermero).

Comentario

Intentar la implementación de Comités Hospitalarios de Ética en el momento actual de nuestro país plantea varios desafíos. El primero es el de  preguntarse si este es en realidad el momento adecuado para hacerlo.  La respuesta puede provenir otra pregunta: ¿Hay un momento óptimo para comenzar tareas vinculadas a la ética? Quizás una situación en la que los valores y las conductas se ven amenazados por una realidad  desolada sea el momento propicio. Se hace hoy mas visible que nunca la situación de injusticia, de abandono, de desesperanza[11]. Los pedidos de ayuda aumentan, y también la violencia con que son hechos. El trato cotidiano se deteriora y el público se impacienta. La gente que trabaja en salud se siente agredida por los pacientes, por los bajos salarios, por la falta de recursos para un trabajo adecuado. Es en éste momento cuando son necesarios mas que nunca los valores éticos, los andamiajes morales. Habiendo concluido que el momento es  oportuno se plantea un segundo interrogante: ¿cómo armar los comités, a quien convocar, con que objetivos? Nos hemos planteado unas respuestas operativas, de carácter provisorio, pero basadas en la convicción democrática.

Entendemos a los Comités Hospitalarios de Ética como un espacio democrático de deliberación y reflexión ética sobre las prácticas en salud compartido por los trabajadores de la salud y la comunidad a la que sirven.

Apuntamos con esto a dos objetivos. El primero de ellos es el de reafirmar la concepción de que la salud es un problema de la gente, de la comunidad, y que su destino debe ser discutido conjuntamente con los técnicos y profesionales. Creemos que el pueblo debe tomar la salud en sus manos. El segundo apunta a sostener las reglas de la deliberación democrática, que utiliza el respeto y la habilitación de todas las voces para lograr los consensos necesarios[12]. Pensamos, además, que la mejor manera de designar a los integrantes de un comité es por elección entre aquellos que se propongan para hacerlo, ya que esto constituye una buena forma de seleccionar a las personas que tengan una trayectoria moral respetable.

Entendemos también que la actividad de “atención de la salud” está conformada y llevada adelante por todos los integrantes del personal de las instituciones sin exclusión posible y que por lo tanto, cuando se plantea debatir sobre temas éticos en la práctica de esa atención deben ser convocados todos los sectores.

Queda claro que no compartimos los criterios elitistas que mencionamos en la introducción, en cuanto a la composición de los comités por profesionales universitarios, religiosos y alguna “persona educada y culta” que represente a la comunidad. Creemos que manteniendo las dos ideas básicas recién mencionadas es difícil que se organicen comités que respondan a una concepción elitista de ese tipo. La protección contra el poder hegemónico de los médicos y la medicina, que citábamos al principio, se hace así mas factible.

Otro desafío es el de trabajar sobre el lenguaje escrito.  El hábito académico se hace a veces sofocante y dificulta la comunicación. Pero además, en la preparación de materiales se debe recurrir a ejemplos y vivencias habituales, cotidianas. Sin embargo no fue, aparentemente, suficiente.  Parecería haber diferencias en lo que hace a la accesibilidad del texto entre los grupos denominados como “profesionales” y “no profesionales” (denominación que cuestionamos). El grupo de no profesionales encontró a los materiales accesibles en gran medida en un 61%, cifra que se elevó entre los profesionales al 81%.  Esto puede deberse a dos causas básicas: 1) El lenguaje utilizado planteó diferente dificultad a los dos grupos; y 2) El grupo “profesional” tiene un mayor entrenamiento permanente en lectura de textos formativos. Probablemente la explicación se encuentre a mitad de camino entre ambas posibilidades, pero de todos modos es necesario realizar un mayor esfuerzo para poner ideas que son comprensibles por todos en un lenguaje que no dificulte esa misma comprensión. La comprensión de la exposición oral de los docentes no arrojó diferencias entre grupos, lo que abona la necesidad de adecuación del lenguaje escrito. Al abordar la exposición oral el que habla va observando las expresiones de los oyentes y regula los ritmos, los énfasis, las redundancias. Existen la pregunta, la aclaración, el diálogo. No resulta esto posible en lo escrito, donde el lenguaje permanece inmutablemente impreso, sin posibilidad de retroalimentación instantánea. La inserción de un pedido de sugerencias e ideas para modificar el material escrito al final del libro apunta a corregir este problema, por lo menos en futuras ediciones[13]. 

Un cuarto desafío es el que proponen los casos con los que se trabaja. El mero conocimiento teórico, alejado de la experiencia diaria, desvinculado de los afectos, es vivido como poco relevante, y resulta de escasa utilidad para estimular el debate necesario. Muchas veces obtiene como efecto el alejamiento del sujeto, quien ve lo planteado como ajeno e inalcanzable. No dudamos de la importancia de la discusión sobre el status ontológico de los clones, pero sí de su relevancia para quienes atienden la salud en la cordillera patagónica. De ahí los objetivos planteados para los casos, ya explicitados. El resultado de la evaluación postaller parece sugerir que el intento fue exitoso, ya que para la totalidad de los participantes los casos reflejaron situaciones que se presentan con frecuencia. De la movilización afectiva da cuenta también el calor de los debates que se desarrollaron, hecho no cuantificable pero no por ello menos significativo.   

Existía el temor (por cierto fundado), de que la presencia en los grupos de debate de personal de distintas jerarquía laborales y profesionales inhibiera la participación de aquellos situados en posiciones “inferiores”. Se intentó evitar este fenómeno a través de dos recursos. El primero fue la colocación de un caso introductorio ajeno a los problemas técnicos, y con cierto aire de fábula equívoca, lo que dio lugar a una discusión jocosa, jalonada de carcajadas y acusaciones entre géneros, que aflojó tensiones. El segundo fue fijar normas de debate en las que era estricto el requerimiento de respeto por todos los participantes y el de no descalificar opiniones sin una base argumentativa razonable, más allá de su proponente. En la realidad esto funcionó parcialmente, y si bien en ciertos grupos se generó una polémica vivaz e igualitaria, en otros se observó el peso jerárquico como monitor tácito. Posiblemente pretender lo contrario hubiera sido una expectativa desmedida.   

La construcción colectiva de conocimiento, a partir de las nociones previas de los participantes, resultó de una riqueza extraordinaria. Así, las respuestas a la pregunta ¿qué entiende por bioética? arrojaron un conjunto de respuestas que por razones de espacio no reproduciremos acá, pero que abarcan y definen ampliamente a la misma, superando las definiciones académicas.

El conflicto  entre el personal de salud y el público tuvo una presencia significativa en las opiniones recogidas en las evaluaciones de los participantes. Esta presencia fue también vehemente en los debates sobre casos, y evidentemente es vivida afectivamente como un hecho por momentos inexplicable. Quienes se han preparado para ayudar a los demás se sienten injustamente atacados por los mismos a quienes deben ayudar. Creemos encontrar explicaciones (quizás parciales e incompletas) vinculadas al grado de violencia social que la actual situación impone sobre los ciudadanos. Esta violencia encuentra cauce de expresión en unas instituciones no represivas, como lo son las que prestan servicios de salud y de educación. También estuvo presente, y mucho, el conflicto entre los integrantes del sistema de salud, a punto tal de que se constituyó en el primer tema que los participantes consideraron que debían tratar los comités, lo que no forma parte de su repertorio tradicional de incumbencias. Es preciso encontrar espacios de reflexión común sobre estos fenómenos. Si los Comités Hospitalarios de Ética son útiles en ese sentido, bienvenida sea su utilidad, en tanto se evite que se transformen en espacios de ventilación de rencores personales. De la prudencia de sus integrantes dependerá la moderación imprescindible para abordar estos temas.

La participación fue notable y también la voluntad manifestada de encarar nuevas actividades para mejorar las prácticas en el futuro, que se tradujo en el pedido concreto de nuevas actividades. Esta disposición para encarar nuevos proyectos resulta sorprendente y estimulante, dadas las circunstancias difíciles que atraviesa actualmente nuestro país. Durante el año 2002 se desarrollarán 12 mini-cursos de 1 ½ días, en una instancia educativa algo mas formal, si bien siempre trabajando sobre casos relevantes. Se invitará a participar de estos cursos a personas de la comunidad  que sean usuarias regulares de los servicios de salud pública, junto con el personal de salud.  El objetivo final es el de que queden constituidos los comités para que, en forma autónoma, comiencen a trabajar en la etapa de autoeducación, con nuestro apoyo a distancia y, en caso de ser necesario, presencial.

Creemos que la formación de espacios de discusión e intercambio sobre la problemática bioética en la atención en salud compartidos por el personal de salud y la comunidad a la que prestan servicios , no es tarea fácil pero si posible. Fácil sería formar un comité de notables. Pero no es nuestro objetivo. Esperamos que los resultados que obtengamos reflejen este ideal.

Pensamos que esta concepción de los comités de ética es válida como instancia en el proceso de democratización de las estructuras de salud, y que esta forma de trabajo, horizontal y deliberativa, contribuirá a la restauración del tejido democrático en nuestra dañada sociedad. También creemos que la propuesta de una amplia participación de la comunidad y de todos los sectores del sistema de salud hará mas parejo el reparto de los distintos actores de poder al interior de los comités. De esta forma el problema de la justicia, el más significativo de los que afrontamos en la Argentina y Latinoamérica, estará en manos de quienes legítimamente deben debatirlo en el ámbito de la atención de la salud y podrá ser tratado con equidad.

  

 


NOTAS:

*  Cátedra de Bioética, Universidad Nacional del Comahue

** Hospital H. Heller, Subsecretaría de Salud de la Provincia del Neuquén

[1] Blustein J. The family in medical decisionmaking. Life Choices, A Hastings Center Introduction to Bioethics, 2nd. Edition, Georgetown University Press, Washington, 2000, p. 165.

[2] Belizán JM, Althabe F, Barros F, Alexander S. Rates and implications of caesarean sections in Latin America: ecological study. British Medical Journal;319:1397-1402, 1999.

[3] Sorokin P. Relación intersubjetiva médico-paciente: en defensa propia. Cuadernos de Bioética,  AdHoc Bs. As. No 6, 2000, p. 109.

[4] Foucault M. La crisis de la medicina o la crisis de la antimedicina. En: La Vida de los Hombres Infames p.96, La Plata, Altamira, 1996.

[5] Foucault M. Op. Cit. p. 76.

[6] Página Web del Hospital Virtual de Morón, del Colegio Médico de Morón, acceso 17/6/02. Para aclarar agrega: “Deseamos subrayar que esta persona (la que proviene de la comunidad) conviene que sea culta, prudente y dialogante”. Podríamos agregar que debe ser limpíta, prolija y respetuosa.

[7] Grünmann JD. El Plan de Salud del Neuquén. En: Arrúe W, Kalinsky B. De “La Médica” y el Terapeuta. La gestión intercultural de la salud en el sur de la Provincia del Neuquén. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1991.

[8] Justo L, Macías A. Comités de Ética: ¿grupos de notables o instancia democrática? Presentado en las 1as. Jornadas de Medicina Social y Salud para la Lucha, La Matanza, 27 y 28/4/02.

[9] Justo L, Macías A. Los Comités Hospitalarios de Ética en la Provincia del Neuquén: una nueva propuesta. Presentado en las XII Jornadas de la Sociedad de Medicina Rural del Neuquén, 23-25/5/02, Junín de los Andes, Neuquén.

[10] Justo L, Acuña L y col. Bioética: Guía Práctica para el Personal de Salud. La Plata, Arte Médico, 2001.

[11] Aguiar D. La desocupación : algunas reflexiones sobre sus repercusiones psicosociales”, Rev. de Ps. y Ps. de Grupo, T. XX, N° 1, 1997, Bs. As.

[12] Cortina A. Ética aplicada y democracia radical. Madrid, Tecnos, 1998.

[13] Adicionalmente nos ha llevado a pensar en la adecuación de los textos que escribimos para los estudiantes de medicina, que deberíamos someter a este mismo proceso pues, en definitiva, son para el uso de ellos.

 

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Última modificación:Jueves, 10 de Junio de 2004