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Clonación: lectura de una inscripción atemporal

Por Néstor Eduardo Costa*

 Bien sabemos que todas las acciónes humanas pueden ser analizadas y abordadas desde la Psicología; la clonación, ergo, no escapa a esta premisa.

Decía Carl G. Jung, que toda ciencia en el límite de sus conocimientos se trasciende a sí misma. La clonación, es un claro ejemplo de lo sostenido por el pensador suizo; no más basta recorrer los períodicos para darnos cuenta de la "revolución" que ha causado cierta oveja inglesa y algunos monos norteamericanos. Pero, como no podía ser de otra manera, en la Bioética el impacto ha sido enorme y es muy razonable y lógico que así sea.

¿Fue la pobre Dolly la original causante ?; o ¿unos  monos de laboratorio en los Estados Unidos? Daría la impresión que  la ciencia y cierto periodismo intentan buscar explicaciones a partir de una modalidad exitista. Leemos noticias donde se nos dice que hace diez años se viene experimentando;  ¿será esto tan así ? ¿ y si fueran muchos más , por ejemplo, veinte o treinta o... desde siempre?.

Luis de Broglie[1] sostenía a finales de la década del veinte que todos los descubrimientos de la ciencia, incluso los desarrollos de la conciencia ,están  ya presentes desde el comienzo, desde los orígenes, insertos en lo que denominaba el" inconsciente científico"; de Broglie no era psicólogo, sino físico. Recordemos la vieja sentencia bíblica: "no hay nada nuevo bajo el sol". Vamos a proponer entonces una lectura distinta  para esta "antigua" fenomenología clónica. Antigua, porque se encuentra desde tiempo inmemorial en nuestro inconsciente colectivo, obviamente no con ese nombre,[2] sino con muchos otros que la aluden; "nueva" porque recién se ha podido poner en acto.

 Nos señala García Bazán que: "El término español "religión" deriva del sustantivo latino "religio", el que de acuerdo con Cicerón y Aulio Gelio, provienen, igual que el pariticipio "religens" del verbo "relego(ere)" cuyo significado es: "reunir de nuevo", "releer" o "volver a pasar sobre algo" con el pensamiento, la lectura o la palabra".[3]

¿Cuál tomamos de estas definiciones?; fijémonos que casi todas nos sirven para nuestro estudio; sin embargo, por una cuestión metodológica solamente nos quedaremos con una: "releer". ¿Porqué ésta y no otra?. Simplemente porque se encuentra   en forma explícita en el título e implícita en la propuesta:  LECTURA DE UNA INSCRIPCIÓN ATEMPORAL.

Jung, a quien nada de esto le hubiera sorprendido, sostenía con meridiana y anticipada claridad que nuestra actitud moderna habla con orgullo de las tinieblas de la superstición y de la credulidad medieval o primitiva, olvidando por completo que con nosostros llevamos todo el pasado, escondido en "los sótanos del rascacielos que es nuestra conciencia racional (...) La verdadera historia del espíritu no se conserva en los libros doctos, sino en el organismo vivo, anímico de cada individuo".[4]

Hoy dia suele hablarse de "palabras claves", que operarían como dadoras de sentido en un planteo investigativo. Vamos a transitar por algunas: a) el mito (colocándonos en una perspectiva muy amplia y heterodoxa  incluimos las leyendas, los cuentos populares y el folklore de las diversas culturas) ; b) la llamada "literatura fantástica" - esta última no es más que la posibilidad de capturar lo inconsciente y vertirlo en una obra-; c) el tema de la inmortalidad y d) la simbólica de la máscara.

Como se sabe, el mito es narración de sucesos, relatos de hechos acaecidos en un tiempoy espacio primordiales; por tanto y desde la vertiente mítica: historia verdadera y no fabulación fantástica. Desde este punto de vista el mito se nos presenta como una epifanía o revelación. Al mismo tiempo, es símbolo/relato, que se transmite, que se recibe, conserva e interpreta o reactualiza, y que de nuevo se entrega (....) el hombre posee el mito como la memoria ancestral de la humanidad.[5]

La necesidad de la expresión mítica se satisface si tenemos un criterio que explique suficientemente el sentido de la existencia humana en el universo, un criterio que proceda de la totalidad anímica.

Ni Freud, ni Jung, quedaron al margen de las posibilidades psicológicas que el mito ofrece. El primero destacando la importancia de mitos como el de Edipo, (y la fenomenología incestuosa que lo comprende y le precede) y el de Narciso; el segundo, haciendo un recorrido casi permanente por la mitología universal. Abraham, Riklin y Rank (El mito del nacimiento del héroe), entre otros, también desde la psicología aportaron investigaciones; y mitólogos tradicionales como Zimmer y Kerényi dejaron su impronta, para que más modernamente la retomaran estudiosos como: Joseph Campbell, Mircea Eliade, George Gusdorf, etc.

El mito, por lo tanto, visto desde lo psicológico nos brinda la posibilidad de encontrar en ellos todas las manifestaciones de la conducta humana. Su acceso: los símbolos; sus imágenes: las arquetípicas y su sentido totalizante. Por lo tanto, lo creador en cualquier orden de lo humano que querramos fundamentarlo se halla en los mitos  en forma simbólica; suerte de "lenguaje olvidado" como diría Erich Fromm.

Veamos algunos a título de simple ejemplo: El de Narciso: la versión más conocida es la de Ovidio en las Metamorfosis , la cual seguiremos en forma abreviada .En ella, Narciso es hijo del dios del Cefiso y de la ninfa Liríope. Al nacer, sus padres consultaron al adivino Tiresias, el cual les respondió que el niño "viviría hasta viejo si no se contemplaba a sí mismo"; como sabemos era un hermoso joven que, de acuerdo a Ovidio, despreciaba el amor (según Pausanias, Narciso tenía una hermana gemela que era bellísima, al morir y como la quería entrañablemente experimentó gran dolor. Un dia, al verse en una fuente, creyó ver la figura de su hermana, aunque sabía que no era ella; de ahí en más siempre la buscaba en las fuentes, lo que habría originado, según Pausanias, a la leyenda tal como se la conocía- señala Pierre Grimal que esta versión es un intento "racionalista" del mito preexistente[6]). Narciso fue objeto de la pasión de numerosas doncellas, pero siempre permaneció indiferente a sus pedidos; aquellas, despreciadas por el héroe piden venganza al cielo. Némesis (diosa de la venganza) las escucha y hace que en un dia muy caluroso, después de una cacería, Narciso se incline sobre una fuente para calmar la sed; al ver la imagen de su rostro tan bello se enamora de él inmediatamente, "e insensible ya al resto del mundo, se deja morir inclinado sobre su imagen"[7].

En la mitología griega tenemos otro acceso simbólico notable: es el de Cástor y Pólux, más conocidos como el " mito de los gemelos". Según una versión hijos de Leda y de Tíndaro, rey de Esparta. Zeus, se habría enamorado de Leda y para conseguirla se transformó en cisne. Puso Leda dos huevos y de uno de ellos nacieron Pólux y Helena, inmortales por ser hijos de Zeus, y del otro Cástor y Clitemnestra, mortales por serlo de Tíndaro. Los dos hermanos participaron en varias aventuras, en una de ellas muere Cástor, por ser mortal. Pólux, que amaba a su hermano, pidió a Zeus que lo volviese a la vida a cambio de privarle a él de la inmortalidad; Zeus concedió que todo el tiempo que estuviese Cástor en la tierra habitase Pólux en la morada de los muertos. De esta forma vivían y morían alternativamente. Dado que Zeus los amaba profundamente, los colocó entre los astros con el nombre de los Gemelos, como dos constelaciones, una de las cuales desaparece cuando nace la otra.

En la tradición mitraica, sobre todo en las representaciones del sacrificio del toro (sacrificium mithriacum) muy a menudo se ve a los dos dadóforos, Cautes y Cautopates, uno con la antorcha hacia arriba y el otro con la antorcha hacia abajo; constituyendo una pareja de hermanos que revelan su carácter de inmortales con la posición de la antorcha. "Cumont los relaciona con los Eurotas sepulcrales, genios con la antorcha invertida que poseen un significado tradicional. Uno sería la muerte y otro la vida"[8].

Entre las leyendas, elegimos la  mesopotámica de Gilgamesh (que algunos elevan a categoría mítica) que es considerada por algunos como la más antigua de la humanidad. Héroe legendario de Sumeria. Pleno de arrojo y de portentosas facultades físicas, era rey de Uruk, y la epopeya lo muestra haciendo sobrehumanos esfuerzos por atrevesar el océano de la muerte "en busca de una vida que desconozca todo término o fin".[9]

Estos pocos, pero fundamentales ejemplos extraídos de la mitología: ¿qué intentan decirnos simbólicamente? ¿Qué lazo de unión como cordón umbilical los une?. Todo mito vela y revela una realidad última y, en todos estos casos parecerían decirnos que sólo los dioses pueden "jugar" como damero blanco y negro con la vida y la muerte (inmortalidad); y también "aparentemente" sólo ellos logran un "igual". Sin embargo, la libido, esa energía creadora intenta igualarnos a los dioses, por lo menos a través de la técnica actual. ¿No será que ésta, con toda su informática, querrá terminar ocupando el lugar de la mitología, como una suerte de segunda mitología?. Los antiguos recurrían a los oráculos para la solución de sus problemas, hoy algunas de esas respuestas se buscan en un ordenador. ¿Serán estos adelantos técnicos un preludio de una nueva mitología?. Entendemos que no, dado que éstas respuestas "ya estaban" como decía de Broglie en nuestro inconsciente.

¿Quién no se ha pensado alguna vez inmortal?. Siempre se piensa la muerte de un otro, nunca la propia, aunque racionalmente así se crea (por supuesto "yo" voy a morir un dia- por ahora no - porque como Narciso, me amo demasiado). La sentencia niestzcheana "sereís como dioses" repica en la ciencia, tal vez sin saberlo la propia ciencia, pero sí nuestro inconsciente colectivo que atesora las enseñanzas como una suerte de "saber absoluto" y anticipatorio.

La dinámica de los dioses al decir de Jung es energía anímica. Ese es nuestro elemento inmortal; representa el vínculo merced al cual el hombre siente que nunca se extingue en la continuidad de la vida."Es la vida de la vida de la humanidad. De sus fuentes, que brotan de la produndidades de lo inconsciente, proviene el tronco de la humanidad entera, puesto que el individuo, por lo menos biológicamente, es sólo una rama (un klon) desprendida de la madre y trasplantada"[10]. Los mitos no son una simple y burda historia, como ya dijimos, son enseñanzas, son símbolos vivos que  nos recuerdan continuamente nuestra condición humana; nuestros deseos de trascender aunque más no sea en otro " igual a nosotros".

Según Heródoto, los griegos habían sido influídos por los egipcios acerca de que la psiqué es inmortal. En el Egipto antiguo, la momia fue designada como una copia, lo que nos sugiere nuevamente la idea de trascendencia e inmortalidad  al tiempo que  anticipa lo que siglos más tarde se instrumentará  a partir de la clonación; pequeña diferencia dado que la momificación se llevaba a cabo con el sujeto ya muerto; la clonación en cambio, a partir de lo viviente, como un sujeto "desprendido" de nuestra propia vida. La "pequeña diferencia" es un poco más de veinticinco siglos y el pasaje de lo aparentemente inanimado a lo animado. 

Tomando en cuenta la Psicología Analítica, este otro "igual a nosotros", se podría lograr solamente a través de una relación incestuosa con la madre (mito del incesto), dado que se procrearía a sí mismo a través de ella, esto debe entenderse necesariamente en forma simbólica; pero la prohibición del incesto lo impide. Lo que se busca en última instancia no es la cohabitación con la madre, sino el "re-nacimiento", con lo que se lograría una especie de continuidad, de inmortalidad, un ser que vuelve a nacer niño; un re-nacer, con lo cual damos cuenta de la importancia de lo mitológico al tiempo que se cubre una explicación teleológica.

 La literatura, sobre todo la fantástica, tampoco ha estado ausente[11]. Oscar Wilde en su muy conocida obra: "El retrato de Dorian Gray", también realiza un pacto perverso para lograr la inmortalidad. Como sostiene Mariana Laura Merini, en un breve pero muy criterioso ensayo "en la persona de Dorian Gray, se hallaba un ser envilecido, perverso, dotado de una belleza sobrenatural que fascinaba con su sóla presencia, pero esto correspondía sólo a la forma ya que en su interior estaba vacío, falto de emoción alguna".[12]

Ray Bradbury, en uno de los cuentos del "Hombre ilustrado", nos relata la dramática situación de  un hombre que a instancias de un viejo conocido, encarga un marioneta similar en todos los detalles a él mismo para que lo reemplace en su casa por sólo una noche; al volver a   la misma por la madrugada, descubre horrorizado que su amada esposa era también otra marioneta.

Bioy Casares, en "Máscaras venecianas",[13] hace rechazar  al personaje de su cuento la posibilidad que le ofrece un amigo de recuperar a su amada Daniela, dado que la misma había sido hecha de un clon de sí misma; la "verdadera" Daniela no quería reaunudar un viejo amor que no tenía ya para ella sentido. Esa " réplica", ese "clon" no le interesa; el héroe no quiere una mujer idéntica, la quiere a ella.

Del mito fuimos a la epopeya y de ésta a la literatura fantástica, en todos los casos el juego de la inmortalidad, el juego de ser dioses, de trascendernos en un "igual"; ¿pero, es lo mismo "igual" que "idéntico"?.

¿No terminará siendo una especie de "fotocopia infiel"?. Si bien podría duplicarse el soma, ¿podría duplicarse el alma ?. Es simplemente una de las tantas preguntas y que tal vez nunca tenga respuesta.

En la psicología junguiana, el concepto de persona, se encuentra muy ligado al de máscara; muy apropiada relación dado que la persona es aquel sistema de adaptación o aquel modo con el cual entramos en relación con el mundo. Y la máscara es aquello que "nos oculta", lo que cubre al verdadero personaje. El peligro, como sostiene el mismo Jung, es identificarse con la máscara que todos portamos; dejar de ser proceso, para ser "máscara". ¿Un clonado de nosostros mismos, es una máscara? o tal vez más apropiado sea aludir a una "mascarada" que oculta al otro, al primigenio, al auténtico.

Las máscaras sirven para que las metamorfosis puedan ocultarse, es una especie de acto mágico.

 Como sostiene Cirlot,[14] todas las transformaciones tienen algo de profundamente misterioso y de vergonzoso a la vez, puesto que lo equívoco y ambiguo se produce en el momento en que algo se modifica lo bastante para ser ya "otra cosa". Un clonado, ¿es "otra cosa"?; ¿es  nuestro "Yo" proyectado? y, en caso que así sea ¿qué es lo que se proyectó:  todo, una parte, algunas partes?. Si proseguimos con las asociaciones y con las preguntas: ¿es  nuestro "inconsciente" tanto personal como colectivo, es nuestro "espíritu"?; nuestra aparentemente única historia ¿es presente, pasada y futura?. Esa suerte de doble especular esa especie de "otro" que a lo mejor podría multiplicarse de quererlo la ciencia (y los gobiernos), hasta el infinito, que ha sido "desprendido de nuestro ser" podría llegar a ser un "nosotros múltiple" que de sólo pensarlo nos anodada.

Hemos pasado sin quererlo desde el existente (yo) a un "nosotros"  que nos abre las puertas- por ahora - de lo difuso, de lo borroso, de la sorpresa que confirma la existencia de lo inconsciente colectivo y del "principio de incertidumbre" de Heisenberg.

Michel Cazenave afirma, siguiendo el pensamiento de Jung, que de acuerdo con la lógica interior del dominio arquetípico, es decir, de los contenidos del inconsciente colectivo, "aventuraría la hipótesis de que el inconsciente representa el saber del universo sobre sí mismo",[15] tal vez identificable con ese género del saber inmanente pero forzosamente inconsciente. Lectura cercana a de Broglie.

Alejandra Pytel, una futura colega, nos acercó hace unos dias un escrito sobre Cortázar, este sostenía: "...No hago diferencia entre lo real y lo fantástico...para mí lo fantástico procede siempre de lo cotidiano..."

 Lo inconsciente por lo tanto, guarda esta información "clónica" en forma potencial, como todos los otros descubrimientos de la ciencia a través de toda su historia. Qué queremos decir con ello?- muy simple, para ello ha de bastar un sólo ejemplo: le llevó muchos años a Einstein llegar a su famosa fórmula (E= m.c 2), su genialidad consistió en haber capturado  y plasmado en una fórmula matemática lo que el conjunto de la humanidad de su época necesitaba. Lo mismo sucedió con Freud, con Pauli, con Heisenberg y con tantísimos otros en el largo decurso evolutivo humano.

 Por ahora, nuestra oveja Dolly y los monos son simplemente una "actualización" ya contenida; incluso, no podemos llegar a saber si algún humano no ha sido ya clonado. Hay diversos tiempos, el psíquico es uno de ellos, aunque sabemos que en algunas oportunidades se nos presenta actuando sobre un espacio/tiempo continuo, como en la física cuántica. Tal vez llame la atención que nos hayamos deslizado hacia conceptos que provienen de la microfísica, sin embargo, no son ajenos para nosostros, para quien nos gusta el pensamiento de Carl G. Jung las vinculaciones teóricas entre la psicología y la física. Cazenave, a quien ya hemos mencionado, señala que el universo es cuántico y relativista al mismo tiempo y que cuando abordamos su indeterminación damos cuenta de los límites en que se encuentra nuestro conocimiento. Si la ciencia es la representación que tenemos del mismo y si esa representación puede mejorar sin cesar, mediante los procesos evolutivos y de diferenciación, habría por tanto complementaridad entre el enfoque científico propiamente dicho  y el enfoque "psicometafísico" que propone.[16]

Nadie pone en duda que a la razón le debemos los avanzadísimos descubrimientos técnicos y la posibilidad de manejar la materia, pero, tampoco nadie debe dudar que poseemos zonas irracionales, y no hacemos con esto ningún juicio de valor, zonas que pertenecen a las profundidades de lo inconsciente, que no es un tacho que posee sólo desperdicios, allí también se encuentra lo mejor del ser humano, su creatividad. Ha sido la psique (la totalidad consciente- inconsciente) de uno o de muchos que en el transcurrir de los milenios se han amalgamado para lograr los productos actuales en diversos campos del saber. Por lo tanto, si la clonación es una manifestación de la cultura, ésta al decir de Jung, no es ni más ni menos que la expresión de fenómenos psíquicos y el sentido de este desarrollo es la movilidad y la facultad de transformación de la energía que le es propia.

Bibliografía

Bioy Casares, Adolfo: Máscaras venecianas, Alianza Edit., Madrid, 1994.

Cirlot, Juan Eduardo: Diccionario de símbolos, Labor, Barcelona, 1985.

Costa, Néstor E.:  Sincronicidad  y saber absoluto en la teoría de Carl G. Jung, C.E.A., Buenos Aires, 1997; Temas de psicología junguiana, C.E.A., Buenos Aires, 1995.

Diccionario de la Mitología Mundial, Edaf, Madrid, 1984.

García Bazán, F.:  El hombre en el pensamiento oriental,  E.C.U.A., Buenos Aires, 1988; “Religión” en: Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría. Vidal-Alarcón-Lolas-Macropedia III., Editorial Médica Panamericana.  

Grimal, Pierre: Diccionario de mitología griega y romana,  Paidós, Barcelona/Buenos Aires, 1982.

Jung, Carl G.: Psicología y Religión,  Paidós, Barcelona, 1981; Símbolos de transformación, Paidós, Buenos Aires, 1962; Aion, Paidós, Buenos Aires, 1986; Simbología del espíritu, Fondo de Cultura; México, 1962; Arquetipos e inconsciente colectivo,  Paidós, Barcelona, 1974.

Merini, Mariana L.: “Sobre el retrato de Dorian Gray- ¿ levedad o peso?”, Ensayo inédito, 1997.

Nante, Bernardo: “Mística y Metafísica en la obra de Borges”, en Revista Signos, Universidad del Salvador, Buenos Aires,  año XI-n° 21, enero/junio 1992.

Reeves, H., Cazenave, M., Solié, P. y otros: La sincronicidad. ¿Existe un orden a-causal?, Gedisa, Barcelona, 1993.

 


* Doctor en Psicología. Vice-Decano del Departamento de Psicología de la Universidad John F. Kennedy. Profesor Titular de Psicología General I y II en la Licenciatura en Psicología y Profesor Titular de Corrientes Psicológicas actuales en el Doctorado en Psicología de la Universidad John F. Kennedy. Presidente de la Asociación para la Formación e Investigación en Psicología Analítica. Vice-Presidente 2° de la Sociedad Argentina de Psicología

 

[1] Louis Víctor de Broglie físico francés; sus investigaciones dieron por resultado una síntesis abstracta de la mecánica, de la electricidad y de la óptica electrónica. Esta síntesis se conoció con el nombre de "mecánica ondulatoria". En 1929 fue distinguido con el Premio Nobel de Física (N. del A.).

[2] Del griego "Klon" = rama; grupo de individuos de la misma constitución genética, que derivan por reproducción asexual, de un sólo individuo originario (N.del A.).

[3] García Bazán, Francisco: Religión en Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría, Vidal-Alarcón-Lolas-Macropedia III, Editorial Médica Panamericana, p. 1560.

[4] Jung, Carl G.: Psicología y Religión, Paidós , Barcelona, 1981, p. 62.

[5] Cfr. García Bazán, F.: El hombre en el pensamiento oriental, E.C.U.A., Buenos Aires, 1988, p. 1; y también: Costa, Néstor E.: Temas de psicología junguiana, C.E.A., Buenos  Aires, 1995, pp. 99/100.

[6] Cfr. Grimal, Pierre- Diccionario de Mitología Griega y Romana  Edit. Paidós- Barcelona/Bs.As. 1982.

[7] Grimal, P.: op. cit.,  p. 370.

[8] Jung, Carl G.:  Símbolos de transformación, Paidós, Buenos Aires, 1962, p. 213.

[9] Cfr. Diccionario de la mitología mundial, Edaf, Madrid, 1984.

[10] Ibídem,  p. 215

[11] "La literatura, lejos de ser un artificio, nos devuelve el sentido primigenio de la palabra, intenta acercarnos a ese modo de sentir la realidad, es un cántaro que recoge un sentimiento propio del lenguaje de todos los hombres y acaso de todo el universo.

"La literatura fantástica cumple ese cometido con mayor eficacia (.....). Describir un mundo fantástico y verosímil es un acto mágico que fascina al espíritu y que insinúa que el mundo en que se vive es uno de los mundos posibles pero no el único. Es a la vez una incusrsión del espíritu, una pregunta que la imaginación realiza a los pliegues más profundos de la realidad".- Nante, Bernardo: “Mística y Metafísica en la obra de Borges”, en Revista Signos, Universidad del Salvador, Buenos Aires, año XI - n° 21, ene/jun. 1992,  p. 137.

[12] Merini, Mariana L.:  “Sobre el retrato de Dorian Gray- ¿ levedad o peso?”.  Ensayo inédito, 1997.

[13] Bioy Casares, Adolfo:  Máscaras venecianas,  Alianza Editorial, Madrid, 1994.

[14] Cirlot, Juan Eduardo:  Diccionario de símbolos, Labor, Barcelona, 1985.

[15] Cfr. Costa, Néstor E.:  Sincronicidad  y saber absoluto en la teoría de Carl G. Jung,  C.E.A., Buenos Aires 1997.

[16] Cfr. Costa, Néstor E.- Op. cit. y también  Cazenave, M.: Sincronicidad, física y biología en: La sincronicidad ¿Existe un orden a-causal?  Edit. Gedisa- Barcelona 1993.

 

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Última modificación:Jueves, 10 de Junio de 2004